23/11/13

Cowboy Hat I

From the dusty, old weary feet of the desert,
Let me stroke your hair like Tunisian winds did back in the days.


I


Mi mente languidece en círculos sobre el filo de mi copa. Se me pegan los codos a la barra en lodazales secos de whisky y ceniza. Aún siento la pólvora picarme en la nariz.
Cuántas veces. Cuántas más.
Un gruñido me llama. Vuelvo a ser consciente de las carcajadas de los brutos de taberna, pero aún me llegan amortiguadas. Que alguien le diga a este novato que me deje en paz. El hielo se derrite y se hace uno con el vodka; oh, ojalá se derritiese en mi cerebro y me matase un poco. Frío. Necesito frío. Este calor me adormece los músculos. Y este gilipollas me sigue gruñendo en el oído.
¿Es que nadie va a decirle que se largue? Oh, ya veo, las risas contenidas. Expectantes, ¿eh, hijos de puta? No voy a dar espectáculo. No esta noche. Dejadme tranquila. Hoy es de estas veces que necesito hielo en los labios y ascuas en el esófago. Marvin, hazme el favor, dile a este tipo que se pierda.
Por favor.
El tipo me pone una manaza en el hombro. La mesa de los Busters estalla en carcajadas de nuevo. Marvin le mira por encima de mi hombro desde detrás de la barra. Haz algo con ese paño seco y limpia un poco en vez de quedarte ahí como un idiota. Ese peso en mi hombro... No me hagas mover un sólo músculo. Yo sólo quería hielo.
Pero no, tu penetrante pestazo a colonia me está arrancando de mi confortable entumecimiento. Cállate. Mis dedos se crispan contra el cristal del vaso, no lo pueden evitar.
—¿N-... -as... -rminarte... -odka?
Cállate.
—...-ya un... -sperdicio.
¿Por qué te empeñas?
—Camarero, ponle otra a mi cuenta, ésta se le ha aguado.
A la mierda. ¿Contentos todos? Me habéis terminado de joder el día.
—Ni caso, Marvin —me veo obligada a espetar.
Termino la copa de un trago y los pequeños trozos de hielo atraviesan mi garganta limpiamente. Escapo de las risotadas de los Busters, la colonia de macho mejicano y esa trampa para moscas a la que Marvin llama 'saloon'. El aleteo de las portezuelas es lo único que me despide con los modales adecuados.
Fuera, la noche es limpia; la luna, creciente y rechoncha, como una novia adolescente preñada: hermosa y estúpida. Ojos grises, plateados, como una luna sucia. Maldita sea. Me falta tiempo para encerrarme en casa y perderla de vista.
Jackie. Dentro de seis horas te veré.
Jackie, ojalá me dejase a mí misma abrazarte...



17/11/13

Liebster Awards (lol what?)

Crossie me ha obligado. Yo no quería. D:

1. ¿Cuál es lo primero que recuerdas haber leído?
Un libro de cuentos de Bambi, lol.

2. ¿Y lo último?

"¿Y lo último?" Vale, ya, lo siento. "El juego de Ender".

3. Un libro que simplemente no hayas podido terminar.
... Alguien me va a matar por esto: "El Señor de los Anillos: Las Dos Torres".

4. ¿Tiene verdadero sentido un blog hoy, con el auge de las redes sociales?
¿Con el auge de las redes sociales? Con esa condición, yo creo que tiene más sentido que nunca, ya sabes, la obsesión por compartir lo que comes, lo que compras, lo que te pones cuando sales de fiesta. El blogger comparte. I guess.

5. Si crearas otro blog que no fuese sobre escritura/literatura, ¿de qué hablaría?
No sé yo si este blog se quedará simplemente en escritura literaria, creo que cuando se me quite la tontería y me ponga a escribir, haré artículos de opinión y/o análisis, de series, películas, videojuegos, cosas que me hagan querer arrancar cabezas en masa, pfft.

6. ¿Tu madre (o cualquier pariente cercano que piense que eres muy listo/a y muy guapo/a) lee tu blog? (Y si lo hace, ¿qué opina?)
Lo lee. Le molo.

7. Escribir: ordenador vs papel y bolígrafo.
Siempre he pensado que yo no sirvo para papel y bolígrafo, porque reescribo constantemente y todo sería un caos de borrones. Pero recientemente he descubierto que en papel no me distraigo con theinternetz, y resulta que tampoco quedo tan poco contenta con lo que escribo de primeras.

8. ¿Hay algún libro que no le perdonas al autor por haber escrito antes que tú?

Más que libros, ideas, muchísimas. Las veo y digo "tsk, ¿¡por qué no se me ocurriría esto a mí!?". La última que recuerdo era un personaje (antagonista) un androide malo malísimo creado por un alienígena que no tiene ni idea de la sociología humana y le puso el pelo de color rosa. Ya lo sé, soy muy fácil de impresionar. :3

9. ¿Escribes siempre en el mismo sitio? ¿Dónde?
No, y eso me pasa factura. Voy dando tumbos de mi escritorio al sofá, de una casa a otra, del pueblo a la ciudad, de la silla a la cama, y es que soy muy inquieta y eso me impide muchas veces concentrarme.

10. ¿Algún texto tuyo por el que sientas más cariño irracional de lo normal?
Pueees, a pesar de no estar aún escrito, tengo que hablar de mi oh-so-famous proyecto de novela. Le tengo más cariño de la cuenta a los personajes principales, más de la cuenta porque eso me impide evolucionar la trama como se merece.

11. Por último: ¿POR QUÉ (todo)?
Porque lo dice Leo.

9/11/13

Síndrome de Florencia

        Se suceden las luces desenfocadas desde el autobús. Se refractan en las gotas de lluvia como las notas de esa guitarra frotada; se empañan mi aliento, el tuyo, el de la chica sudaméricana de dos asientos más atrás y el de un amigo olvidado sin distinción en los cristales. “Romper aquí”, en caso de emergencia. Volcamos por dentro, siempre nos ha parecido una chorrada el cinturón de seguridad, no hay un martillo con el que romper el cristal y escapar. Sigur Ros me rasga el corazón a base de aullidos débiles, y de los auriculares se agolpa entre mis párpados. Navegan en mis lagrimales las cortas, las antiniebla y las de posición. Sucio síndrome de Florencia, ataca la piel de gallina con agujas de colores. Intimidad en estado puro, se engendra en mi seno una emoción sin nombre. Aun sosteniendo tu mano, estoy sola con el post-rock y el ronroneo del motor. Floto, anclada al asiento, en eso que se me expande dentro y me oprime los órganos. 
       Te clavo las uñas y me miras y me amas, y yo deseo:
Ojalá, ojalá estuvieses conmigo aquí dentro.


África Curiel/MisspeakTweak

15/3/13



A Sook Yun le dolían las uñas. A sus treinta y tres años, se sentía vieja. Del mismo modo que se había sentido vieja a los veintidós, cuando se descubrió celulitis en los muslos, o a los veintiséis, con aquella maldita cana. El continuado uso de zapatos de tacón alto le había pasado factura a los dedos de sus pies, provocándole un dolor agudo e insoportable bajo las uñas. Por culpa de eso, su primera noche en Bangkok había acabado antes de lo que esperaba.

Yoon y Ha-Neul habían pasado de sus súplicas de volverse al hotel, en aquellos momentos debían de estar restregándose con algún tailandés bronceado. Había sido así desde que habían bajado del avión. Ahora Sook Yun volvía sola al hotel, con los sencillos zapatos de cuña beige en una mano y el bolsito colgando de la otra. 

Aún a aquellas horas de la madrugada, los puestos de comida rápida emanaban nubes de olores picantes y dulces, aprovechando el hambre enajenada de la treintena de viandantes que deambulaba por allí. La avenida peatonal estaba techada con hileras de farolillos de papel rojo. Pero, tras quién sabe cuántas noches de borrachos y vándalos, la mayoría colgaban, rotos y desgarrados, o se esparcían por la calzada. Sólo unas pocas bombillitas seguía brillando tras el papel, proyectando escasos retazos de luz carmesí.

Una persona llamó la atención de Sook Yun. Caminaba en su mismo sentido, unos metros por delante de ella. Se tambaleaba de un lado a otro, arrastrando las piernas. Sus brazos colgaban a sus costados, y su cabeza se meneaba de un lado a otro. En un principio, le resultó cómico y penoso. Un pobre borracho solitario deambulando por una zona de marcha no era nada inusual. 

Sin embargo, cuando se fijó un poco más en él, la asaltó una sensación de desasosiego. Movía las rodillas en un ángulo extraño. Tenía los dedos de las manos crispados en forma de garras. Su pelo negro, lacio y mustio, estaba enmarañado sobre sus hombros caídos. La camisa oscura y los pantalones de traje no parecían propios de una persona tan mal alimentada como delataban los bultos huesudos bajo la tela. 

Sook Yun apartó la mirada del triste espectáculo, incómoda. Se miró los pies e hizo una mueca de dolor. Para olvidarse de las punzadas bajo sus uñas, buscó distracción en la gente que caminaba por la calle a aquellas horas. Una pareja caminaba hacia ella, abrazados y sonrientes, andando con zancadas animadas. Otro par de amigos compartían una botella de licor entre gritos y carcajadas. Unos cuantos hacían cola frente a los puestos de brochetas de pollo especiado y tallarines al curry. Observó que quien más y quien menos lanzaba miradas curiosas y desaprobadoras a un hombre borracho que se apoyaba en la pared de un edificio para no caer al suelo. Y, sin embargo...

Un escalofrío recorrió la espalda de Sook Yun. Todos habían dirigido una mirada al borracho de la pared, pero a nadie parecía importarle el que caminaba a trompicones por delante de ella. No... Ni un comentario despectivo, ni una risita morbosa, ni una desviación esquiva. Un grupos de amigos pasó a escasos centímetros del hombre sin dirigirle la más mínima mirada de soslayo. Y no como si no quisieran mirarle... No, más bien como si no se hubiesen percatado de su presencia... Como si aquél hombre no estuviese allí...

Aquella extraña persona paró en seco. Sook Yun aminoró el paso y luego se detuvo, paralizada. Podía sentir cómo la sangre se agolpaba en sus muñecas y martilleaba cinceles bajo las cuidadas uñas de sus pies. La gente seguía su curso a su alrededor. Alguno la miró como si estuviese un poco desequilibrada, allí parada, mirando a un punto fijo con los ojos muy abiertos. Pero ni una sola persona miró al hombre mientras levantaba un brazo y señalaba con un dedo huesudo una bocacalle, la misma por la que Sook Yun pensaba pasar de vuelta a su hotel.

Un temor profundo reverberó tras sus costillas y envió violentos temblores a todo su cuerpo. Dió un paso torpe hacia atrás. Giró sobre sus talones, muy despacio. Luego dió un paso en la dirección contraria, trastabilló, y echó a correr lo más rápido que fue capaz.




Sunan se echó atrás en la silla de su cubículo y resopló. Se había pasado el día hablando con la policía y buscando detalles de testigos directos para escribir su artículo. Algunos lo exageraban más, otros menos, pero todos parecían coincidir en que la turista surcoreana había aparecido entre el gentío de una concurrida calle del distrito financiero de Bangkok, con los pies descalzos en carne viva, un vestido de fiesta sudado, el pelo alborotado y sucio y una amalgama de rimel y lágrimas corriendo por sus mejillas. Sin resuello y aparentemente agotada. Cuando unas personas intentaron deternerla y ayudarla, ella había empezado a chillar y a intentar zafarse, sin fuerzas, de aquellas pobres buenas personas. Y, entonces, la chica había mirado atrás, con ojos desorbitados de puro terror y había sufrido un colapso nervioso. Para cuando llegó la ambulancia, ya había fallecido de un fallo multiorgánico, dijeron los forenses, por el cansancio extremo. La autopsia desveló restos de un cóctel de éxtasis y mescalina, probablemente ingerido con alcohol, y se argumentó un episodio severo de psicosis. Sunan se preguntó si una alucinación podría realmente perseguirte durante treinta y séis horas sin que las toxinas fuesen depuradas de tu cuerpo.

De cualquier forma, la chica habría caminado durante tanto tiempo que se le habían caído las uñas de los pies.